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Torre del Homenaje de Villarejo de Salvanés

Torre del Homenaje de Villarejo de Salvanés

Torre del Homenaje de Villarejo de Salvanés

El actual torreón y los restos de un perímetro amurallado, se integraban originariamente en un recinto mayor, que fue también fortaleza defensiva y albergue del desaparecido Palacio de los Comendadores, formando un conjunto al borde de la antigua carretera de Valencia, junto a la Iglesia Parroquial de San Andrés Apóstol y la casa de la Tercia, con las que el torreón constituye el ámbito histórico monumental más representativo de Villarejo de Salvanés. Este castillo es una de las construcciones defensivas más importantes emplazadas en el entorno del río Tajo y el emblema de la localidad, además de estar considerado como el mejor torreón-fortaleza de la Comunidad de Madrid.
Tras la pérdida de su función castrense los castillos pasarían a ser posesiones señoriales o bajo la tutela de las Órdenes Militares. En el caso de la fortaleza de Villarejo, desde finales del siglo XII, quedó bajo la tutela de la Orden de Santiago, al quedar situado en las tierras englobadas dentro de la Encomienda de la Ribera del Tajo que Alfonso VIII entregó a dicha Orden.

El núcleo presenta un sensible crecimiento urbano en la segunda mitad del siglo XIII. Posiblemente, la Orden de Santiago alzara otra fortificación más al norte para defender el límite septentrional de su Encomienda y a esta época (finales del XIII-principios del XIV) podrían pertenecer los escasos restos del recinto de la primera fase que aún se conservan. Tras convertirse en villa el municipio se debió ver la necesidad de aumentar el tamaño y reforzar el castillo. A principios del siglo XVI, el torreón quedaría pequeño y ante la falta de espacio dentro de la camisa y del primer recinto del castillo, se verían obligados a construir un nuevo recinto. Fruto de las excavaciones de Presas, parece ser que esta obra fue notable aunque no estuvo en uso más de un siglo.

En el siglo XVII se había cegado la puerta de entrada y desmontado el puente levadizo además de que varios lienzos y un cubo presentaban graves desperfectos.

En el siglo XVIII muchas de las piedras de la fortaleza habían sido expoliadas para construir edificios del entorno urbano. Las órdenes militares sobrevivieron y mantuvieron el usufructo de sus propiedades durante el siglo XVI. Sin embargo, desde su disolución por parte de los Reyes Católicos perdieron independencia e importancia defensiva, pasando la mayoría de sus feudos a ser villas de realengo o vendidos por la corona a nuevos señores. Por ello, la mayoría de los castillos, en el XVII, fueron abandonados. El de Villarejo no fue una excepción e inició su lento declive.

Este talante señorial parejo a la progresiva señorialización de la Encomienda Mayor de Castilla y la pérdida de su función defensiva, parece ser que es el elemento que determina el carácter de este Castillo, con su casa de aposentamiento interior.

Existen diferentes teorías sobre el origen del Castillo de Villarejo. Algunos autores lo cifran a principios del siglo XIII y otros aseguran su existencia al menos desde la segunda mitad de este siglo. Otros autores, entre ellos Edgard Cooper, data su fundación posteriormente, durante el reinado de Enrique IV (1454-1474).

Vemos por lo tanto que existe una ambigüedad en el origen. Lo que si parece más claro es la evolución historiográfica del monumento: La torre del homenaje se dataría entre la segunda mitad del siglo XIV y la primera del XV, la barrera no rebasaría la primera mitad del siglo XV y el recinto exterior procedería de las décadas iniciales del siglo XVI y hasta de las finales del XV, a las que pertenece su arquitectura más relevante, pudiéndose construir entonces el Palacio de los Comendadores y durante cuyas obras se introducirían importantes alteraciones en la estructura original. En 1575, fecha en la que se redactan las Relaciones de Felipe II, la fortaleza existía en toda su integridad. Su importancia debió de ser muy grande, pues llegó a ser tribunal de las órdenes militares y en ella residía un alcalde nombrado por el Comendador Mayor de Castilla.

En el siglo XVII, se origina una larga y continua decadencia, casi imperceptible en este primer momento pero mucho más acentuada desde mediados del siglo XVIII, momento en el que desaparece totalmente el Palacio de los Comendadores y la ruina se apodera del conjunto, del que tan sólo persiste el torreón, citándose en diferentes crónicas del siglo XIX su lamentable estado.

La última referencia histórica del castillo tiene que ver con la estancia en el mismo del guerrillero Juan Martín Díaz “El empecinado”, que se refugió allí según la tradición popular, huyendo de los franceses durante la Guerra de la Independencia. Posteriormente, la potente torre del castillo, devendría en desvencijado palomar a finales del siglo XIX.

En la primera mitad del siguiente siglo, se empleó la mampostería de la muralla en la construcción de los muros de la nueva escuela pública masculina, levantada en el interior del primitivo recinto y en la Colonia de viviendas sociales de la calle Samuel Baltés.

Tras este largo periodo de decadencia, a partir de los años sesenta, se desarrollaron una serie de intervenciones de consolidación y restauración de la mano del arquitecto José Manuel González Valcárcel, actuación muy discutida, con la intención de destinarla como Museo de las Órdenes Militares.

En 1979 las deficiencias de los muros dieron lugar al hundimiento de dos de los cubos, iniciándose una nueva restauración, realizada por la arquitecta Maria Luisa López Sardá.

Las últimas intervenciones de limpieza y consolidación del antemuro de la torre, corrieron a cargo del equipo de arqueólogos formado por Miguel Ángel Núñez Villanueva, Rosa María Moreno Pelayo, Daniel Pérez Vicente y Marta Bueno Moreno que a finales de los 90 retomaron las excavaciones realizadas por el equipo del Área Sociedad Cooperativa (1988-1991) bajo la dirección de Manuel Presas Vías.

 

El castillo está formado por una gran torre central de unos 16 m. de lado y cerca de 22 de altura. Sus aristas y el centro de sus cuatro laterales están flanqueados por ocho contrafuertes cilíndricos, ocho torretas de tres metros de diámetro que recorren todo el alzado del edificio desde su base a la cúspide.

Una camisa de planta cuadrada de casi 25 m. de lado con tres torres cilíndricas en sus ángulos rodea al torreón. Una quinta torre de planta circular se intercala a la mitad del flanco occidental.

Los muros tienen un groso de 1.8 m. Los cinco cubos, de algo más de cinco metros de diámetro, están huecos. Al norte de este conjunto unitario, se articulan varias estructuras.

Localización

Latitud: 40.168872   |   Longitud: -3.273675

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