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Ruta del Marques de Comillas

Retrato de Claudio López Bru por Francisco Godoy

Retrato de Claudio López Bru por Francisco Godoy

DESCUBRIENDO AL MARQUES DE COMILLAS

Un itinerario didáctico a través del patrimonio industrial de Mieres y Aller.

La singularidad del patrimonio industrial avala la necesidad de una didáctica específica que permita una visión integradora del mismo, tanto como nuevo bien cultural como en su relación con el hombre y el paisaje, promoviendo la recuperación de la memoria del trabajo y del lugar.

Nuestra proposición es tomar como excusa la apasionante historia del marqués de Comillas en su relación con Asturias para marcar un itinerario didáctico en una informal ruta para viajeros curiosos.

El trayecto va desde la localidad de Ujo, en Mieres, y culmina en Boo, en el municipio de Aller, con paradas en Bustiello, Caborana, Moreda y otros lugares, nos permite recrear culturalmente las huellas de Comillas y su Sociedad Hullera Española, integrada en la empresa estatal minera Hunosa en el año 1967.

Este paisaje industrial fue consolidado en el periodo de cuatro décadas, que van desde los años 1890 a 1930.

Una historia vivida cuyos vestigios perviven en el imaginario colectivo, donde el patrimonio industrial, material e inmaterial, se entrecruza, se siente, presiente y visualiza con nitidez en estos pueblos y parajes de Asturias.

La ruta tiene tres espacios claramente diferenciados en lo que respecta a la conformación del coto minero:

  • El primero de ellos, Ujo, tendría un carácter administrativo y residencial.
  • En segundo lugar, Bustiello, exclusivamente residencial, pero con una evidente intención propagandística de la política social de la SH y dirigido a ser cabecera del frustrado concejo minero.
  • Por último, en Caborana y Moreda se concentra el grueso de las explotaciones mineras, primando por tanto en ellas el carácter industrial.

© Miguel Ángel Álvarez Areces

 

POBLADO MINERO DE ALDEA MORET

Extracto del Diario Oficial de Extremadura (DOE) en el que se publicó el Decreto 92/2011, del 20 de mayo de 2011, en el que se declaraba BIC, con la categoría de Lugar de Interés Etnológico.

Ubicado a poco más de 3 kilómetros al sur de la ciudad de Cáceres, y a unos 800 metros de la bifurcación de las carreteras de Mérida y Badajoz, se localiza el Calerizo. En este lugar se produjo en 1864 el descubrimiento de fosforita en Cáceres, ocasionando la creación de un asentamiento minero industrial que llegaría a contar con 12 pozos de extracción de mineral y 119 construcciones.

La concesión minera más antigua de la que se tiene constancia en Cáceres es la de la mina de fosfatos de La Estrella, que data de 1864, en cuanto a las minas de hierro, la más antigua es la de «Moctezuma» de 1895. El verdadero impulso llega cuando el político Segismundo Moret funda en 1876 la Sociedad General de Fosfatos de Cáceres, con su incorporación, las minas se industrializan.

 

Esta eclosión durará hasta principios del S. XX, comenzando su decadencia en 1958 cuando empieza el declive de esta cuenca minera cuya principal producción se centraba en los fosfatos y cuya segunda producción la del hierro ya se había visto afectada por la industrias de la zona cantábrica por la que el régimen franquista había apostado en la década de los 50. La última de las minas en cesar su producción fue la de la Abundancia que lo hizo en 1960. No obstante, la Fábrica de Ácidos de Aldea Moret siguió funcionando y estaba aún activa cuando por escritura pública de 1970 se formalizó la fusión de Compañía Española de Explosivos de Río Tinto, S.A. y la Unión Española de Explosivos, S.A.

La fábrica seguiría en activo hasta su cierre definitivo en 1974 tras presentarse el expediente de crisis de la empresa. Finalizaban así definitivamente 110 años de producción minera desde 1860 hasta 1974. Un siglo y una década en que la industria y el desarrollo económico de la ciudad estuvieron ligados al subsuelo cacereño. Con la crisis de la producción, la población buscaría nuevas zonas donde asentarse. La zona tendería a caer en el abandono y a perder servicios básicos, como las escuelas, médico, etc. El poblado minero de Aldea Moret empezaría un proceso de despoblación que se agudizaría con el cierre de la Factoría.

En la actualidad se ha visto reducido el número de edificios y construcciones de este amplio conjunto industrial. A continuación detallamos los edificios que son objeto de declaración como Bienes de Interés Cultural bajo la categoría de Lugar de Interés Etnológico.

Edificios destacados de Aldea Moret:

Mina Abundancia.

Está situada en la Dehesa Corchuela y Cerro de Cabezarrubia, la mina tenía una extensión de 120.000 m2. La concesión de la Mina de la Abundancia data del 29 de Diciembre de 1865 y estuvo funcionando hasta 1960, en que cesa la extracción de mineral. Sólo era superada en antigüedad por la Estrella y la Casualidad. Será la última mina que cierre sus instalaciones con la incoación del expediente de crisis de 1965 presentado por la Unión Española de Explosivos, empresa que se había hecho con las concesiones mineras el 28 de Abril de 1928 tras la venta por parte de la Sociedad General de Industria y Comercio.

Mina María Estuardo.

Las primeras noticias sobre esta mina datan de 1867, cuando se realiza la solicitud de registro de dos pertenencias mineras de fosfato calizo con el título de María Estuardo, en el sitio del Calerizo cerro de la Cañada. Sin embargo no será hasta 1912 cuando se realice la concesión de la misma a la Administración de Contribuciones de la Provincia de Cáceres.

Los arcos de entrada del pozo de extracción de esta mina presentan un arco túmido realizado en ladrillo. El resto de la construcción está construida en sillarejo de diferente grosor. La mina no deja de llamarnos la atención ya que frente a la influencia inglesa de su vecina San Salvador, ésta parece la torre vigía de cualquier fortaleza hispana medieval y presenta un arco propio del arte musulmán español. Igualmente, el nombre de la mina, resulta muy sugerente, ya que es el nombre de una reina que lo fue de Escocia y de Francia y que se adhirió al catolicismo frente al protestantismo inglés de su rival por el trono del Reino Unido de Gran Bretaña, Isabel I, quien tras derrotarla y encerrarla en la torre de Londres acabó por ordenar su decapitación.

Mina de San Salvador.

La concesión como mina de fosfatos de San Salvador data de 1877, aunque curiosamente es vuelta a inscribir en 1912 como mina de hierro, aunque al parecer esta mina se encuentra en un emplazamiento diferente a la de fosfatos. Es conocida popularmente como el «Torreón». Es una de las pocas minas que quedan con las viviendas de los mineros adosadas a las instalaciones del pozo de la Mina.

Situada en lo alto del cerro conocido como Valdío del Calerizo, el lugar aparece citado como Vinillas, utilizado como terreno de labor en 1928 y que lindaba por el norte y este con la llamada cuerda del Calerizo, y por el este con el camino que iba a la ermita de Santa Ana. Poseía un total de 120.000 m2 de extensión. Las minas inglesas adoptaban a menudo este estilo neogótico inglés llamado «victoriano» con formas arquitectónicas que recordaban a fortalezas militares, por sus torres almenadas como la de San Salvador de Aldea Moret, o las de las Minas de Collery en el Reino Unido.

Mina de la Esmeralda.

Esta mina de fosfatos tenía una extensión de 120.000 m2. La mina obtuvo su concesión como mina de fosfatos en 1878, si bien, la concesión de su Demasía es de 1876, por lo que lo más normal es que sea anterior a su demasía.

Actualmente es de las minas que más restos de sus instalaciones conserva y es uno de los pocos ejemplos que quedan para estudiar las viviendas de los mineros asentados junto a los pozos de las minas. Además de poseer la única chimenea que se conserva de los viejos hornos, es también la única que conserva las torres de acero de las instalaciones que abastecían de agua a Cáceres. Para ello se creó la Compañía de Aguas de Cáceres el 21 de Enero de 1899. Actualmente sigue abasteciendo de agua a varias urbanizaciones de la ciudad de Cáceres.

Almacén de superfosfatos y edificio «La Fosa».

Después de tener el ácido en los depósitos y el fosfato almacenado en grandes silos, se procedía a la fabricación de los fertilizantes conocidos como superfosfatos. Para ello se eleva o lleva el fosfato almacenado en los silos a través de una cinta transportadora y un tornillo sin fin a un depósito «abastecedor» regulador, que estaba colocado junto al depósito del fosfato. De ambos depósitos se extrae en cantidades pesadas y medidas de ácido y fosfato a una tolva forrada de plomo. Después se pasaba a un recipiente llamado «malaxador». En este «malaxador» es donde se efectúa la mezcla, estando dotado éste interiormente de unas hélices giratorias para efectuar un buen amasado.

A continuación, tras el amasado del fosfato y el ácido, se abren unas compuertas laterales que tiene el «malaxor» para que el fosfato caiga en el fondo de las fosas.

Del edificio conocido como La Fosa el producto amasado de fosfatos y ácido sulfúrico era transportado mediante una cinta transportadora al edificio conocido como almacén de «Súper», es decir, almacén de superfosfatos. Donde se almacenaba hasta que era transportado a los distintos centros de producción.

El edificio del almacén de superfosfatos fue realizado en 1960 y se hallaba situado junto a las naves de madera que eran los almacenes donde se secaba la fosforita. En su interior había palas que estaban suspendidas de forma aérea y eran las encargadas de transportar el material de los superfosfatos y depositarlo en los lugares de almacenamiento, para posteriormente ser cargado en los volquetes de los camiones, o en vagones de ferrocarril desde el edificio embarcadero, para llevarlo a los puntos de venta.

El Embarcadero.

Las instalaciones mineras exigían la presencia del ferrocarril para el transporte rápido y seguro del mineral extraído hasta los puntos de ventas. Aunque el ferrocarril fue inaugurado en Cáceres en 1881, las instalaciones dedicadas a la minería pronto debieron quedarse pequeñas u obsoletas ante las exigencias de la demanda del mercado, así en 1910, se decide construir una vía de apartadero en Aldea Moret con el fin de destinarla al servicio de las minas que en este lugar tiene la referida sociedad.

Este apartadero es el germen de lo que será el edificio Embarcadero, el lugar donde se almacenaba el mineral para ser embarcado directamente a los vagones de ferrocarril. En 1956 ya estaban en marcha los procesos de allanamiento del terreno en el que se estaban volcando tierras desde vagones remolcados por tractores. También parte del muro que separaba el emplazamiento del Embarcadero de las vías del tren ya había sido sustituido por las bases de la estructura que serviría de apoyo a la cubierta y sustentaban la fachada. A lo largo de 1957 se llevan a cabo las obras, siendo un año más tarde cuando se terminen prácticamente las obras del exterior, la báscula y la galería superior.

Será en 1958 cuando se concluya la fachada, el puente sobre el que iba la cinta transportadora de mineral que ya se hallaba en preparativos de ser instalada. Este puente ya desaparecido, apoyaba en una estructura de hierro que a modo de torreta apoyaba por un lado en la fachada del edificio Embarcadero y por el otro en la fachada de las naves de madera de los antiguos almacenes de fosforita, concluyéndose la construcción definitiva del edificio en diciembre de 1959.

Configuración del Poblado Minero.

En Aldea Moret, la primera mina que nos consta en esta zona data de 1864. Los primeros trabajadores construirían sus viviendas junto a los pozos de extracción. Pero debió ser alrededor de 1880 cuando se configura la trama urbanizada del poblado ya que la escuela y la iglesia datan de esos años. El esquema era el mismo que el planteado por Ildefons Cerdá para el ensanche de Barcelona en 1860. Se hallaba igualmente basado en un trazado en damero con las calles organizadas en una trama ortogonal y jardines en el interior de las manzanas.

Es evidente que la intención de Segismundo Moret era que sirviese de modelo para ampliar esta ciudad de Cáceres siguiendo el modelo de Barcelona. Su proyecto quedó limitado a Aldea Moret, como una isla de progreso, alejado en todos los sentidos de una ciudad que basaba su desarrollo anclado en el eje de la ciudad medieval.

No obstante, aunque las casas de los obreros de la Aldea eran mucho mejores que las barracas y las primeras viviendas que se habían hecho junto a los pozos de las minas, las diferencias sociales aún eran evidentes entre los empleados de la empresa y los obreros.

Las casas de los obreros eran de una sola planta, con una pequeña cocina y una o dos habitaciones junto a una pequeña entrada. Disponían de un pequeño jardín ante la entrada de la casa que lo separaba de la calle, provistos de un muro a media altura con empalizada de madera.

Las casas de los ingenieros eran de dos plantas y estaban en el otro lado de la vía del tren, cercanas a la estación de tren y con mejor acceso a la capital. Estaban rodeadas de un gran jardín, actualmente se conserva casi inalterada una de estas casas y otra muy transformada.

El concepto de ciudad jardín del que Ildefons Cerdá se hizo eco en su ensanche de Barcelona, parece que tuvo aquí su desarrollo. No sólo en torno a las casas se disponen jardines, sino que las mismas calles disponen de filas de árboles que proporcionar sombra en un lugar tan castigado por el sol y las altas temperaturas.

Parece que se buscaba crear un poblado minero totalmente autosuficiente, pues disponía de servicios e instalaciones básicos, como las escuelas, la iglesia, y ya en 1882 nos consta la presencia de una cantina que en principio hacía las funciones de comercio de alimentos, aunque en Enero de 1919 se crearía por los propios trabajadores una cooperativa que a través de un economato abastecería de los productos básicos a la Aldea y en cuyos estatutos ya se habla de libretas donde ir apuntando el género que se llevaban los trabajadores para luego ser pagados.

Incluso el ocio estaba cubierto no sólo con cantina, sino también con bailes, parque, piscina y hasta campo de fútbol. Había un edificio destinado a comedor que hacía las veces de cine, y de baile. Sin embargo, en 1962 no había ningún régimen de funcionamiento, ni comisión rectora que lo gestionase, ya que no se proporcionaban comidas en él, pero sí se podían calentar.

Otra de las diferencias con los obreros es que los empleados podían disfrutar de ciertas instalaciones que a los obreros les estaban prohibidas, como el caso de la piscina, que debió ser una de las primeras de Cáceres. Este poblado urbanizado era considerado como una más de las instalaciones de la producción asociada a la transformación minera.

 Aunque la empresa minera de Aldea Moret facilitaba viviendas a los empleados, las viviendas no eran completamente gratuitas para sus inquilinos. A finales de la existencia de la empresa minera en Aldea Moret un informe recoge los gastos de mantenimiento de las viviendas. Aunque las viviendas tenían un seguro por parte de la compañía, al parecer el seguro obligatorio de las mismas sólo cubría daños muy específicos.

También hay que matizar que sólo los empleados que constaban en nómina para la compañía tenían derecho a estas viviendas y siempre que cumplieran ciertas condiciones. Por ello hay testimonios que nos hablan de cómo algunos trabajadores de las minas que no figuraban en la compañía, sino que realizaban trabajos para ella, finalizada la Guerra Civil, vivían en las cercanías en pequeñas chabolas improvisadas, éstas incluso se levantaban junto a las vías del tren y llegaron a vivir en ellas matrimonios.

Las Instalaciones Productivas.

Los laboratorios debieron construirse en torno a 1880, ya que el tipo de construcción es muy similar al de la antigua estación de ferrocarril que se ubicaba en la zona de los Fratres, en Cáceres, además de encuadrarse perfectamente en el urbanismo del poblado. Aparecen ya en los planos de 1920. Conserva actualmente restos del mobiliario y del mecanismo de la cinta transportadora que elevaba el mineral desde el pozo de la mina hasta el mismo laboratorio.

La Factoría.

Resulta totalmente incomprensible que a día de hoy de la antigua Fábrica de Ácidos no quede en pie más que una torre de refrigeración. Sin embargo, actualmente no quedan ni los escombros, ni los cimientos. Lo único apreciable es un muro que apoyaba en el almacén de superfosfatos y que muestra la silueta de las cubiertas de las naves de este edificio desaparecido.

La torre de refrigeración que queda data de principios de 1960, mientras el edificio desaparecido de la Fábrica de Ácidos databa de 1954. En 1929 ya aparece el edificio conocido como la fosa en la ubicación actual, con el nombre de «fábrica de súper». En 1954 parece que es la fecha que nos consta para iniciarse las obras que le darían su actual configuración a este edificio de la Fosa.

La Fábrica de Ácidos, que en principio era de madera, se le añadió en 1954 un edificio destinado a albergar los hornos requeridos para la fabricación del ácido sulfúrico para la obtención de superfosfatos. Razón por la que se denomina en los planos con el nombre de «nave de hornos». Finalmente en la década de 1960 es derribado el edificio de madera que había quedado como «Fábrica de Ácidos».

La Piscina.

La llamada piscina, ya aparece en los planos del poblado de 1920, aunque desconocemos cuando fue realizada. Las funciones que desempeñaban este gran depósito de agua eran las de lavado del material extraído de la mina. Mediante el método de Flotación se culminaba la eliminación de las lamas diatómicas no desalojadas en el deslamado, con el objeto de enriquecer la ley del producto.

Iglesia de San Eugenio.

La construcción de la iglesia de San Eugenio fue encargada en 1883 al arquitecto de las minas, Ruperto Ramírez, y realizada por el arquitecto diocesano Emilio María Rodríguez. Hay que señalar que esta iglesia alberga varias piezas trasladadas en 1918 desde la ermita de San Benito, que se hallaba en ruinas. Entre ellas destaca la propia imagen de San Benito del siglo XVIII, la campana que se sitúa en la espadaña de su fachada, un retablo del siglo XVIII, y un relicario argentino.

Presenta una planta de cruz latina con nave única de tres tramos, crucero con capillas colaterales y cabecera plana con dos sacristías, portada a los pies y un óculo encima. En el plano original la cabecera se comunicaba con la casa parroquial por dos puertas, lo que no llegó a realizarse pues se decidió abrir una puerta desde la sacristía del lado de la Epístola. Los tramos están divididos por pilastras con tablero en todo el frente, rematados por cornisa moldurada sobresaliente que recorre todo el interior. Los arcos diafragmas o fajones son de medio punto, las bóvedas entre ellos de cañón con lunetos. Los arcos de las capillas son escarzanos. Todo el interior es de mampostería y enlucido, mientras que el suelo está realizado mediante piezas de cantería.

Exteriormente destaca el volumen de formas geométricas de la construcción, todo de mampostería, con pequeños detalles ornamentales. La cubierta es a dos aguas con teja árabe. El cuerpo superior de la fachada se flanquea en ambos extremos con merlones acabados en sendas albardillas. La fachada se remata en el vértice central con una espadaña acompañada de aletones y coronada por un frontón resaltado sobre el que se erige una cruz metálica.

El Malacate.

Junto al parque de Aldea Moret podemos aún contemplar un «malacate». Los malacates eran unos artilugios mecánicos que a modo de cabrestante invertido, eran movidos por caballerías, se usaban mucho en las minas para extraer minerales, agua o escombros. Hay muchas dudas entre los propios mineros sobre el nombre de la mina a la cual pertenecía, ya que algunos se refieren a él como «la Demasía», sin más.

Toda demasía pertenecía a una mina original. Junto a la Esmeralda se conserva otro de estos malacates del mismo tipo, aunque fue reconvertido posteriormente en un salón de baile. La fecha de concesión de la mina Esmeralda es de 1878, pero dado que su Demasía ya está registrada en 1876, podemos pensar en que el malacate ya estaría realizado con anterioridad a 1876.

En 1876, cuando don Segismundo Moret y Prendergast adquiere las minas de Aldea Moret, las máquinas a vapor se incorporan a la producción, por lo que las caballerías se retiran de este tipo de extracción. Así pues, cabe pensar en que los malacates que quedaron luego relegados a almacenes de herramientas y materiales, son anteriores a la adquisición de las minas de Aldea Moret por Segismundo Moret, por lo que es posible que este malacate sea anterior a 1876.

 

POBLADOS FERROVIARIOS

Se define como poblados ferroviarios a aquellos núcleos de población que nacieron exnovo por una vinculación muy estrecha a la llegada del ferrocarril, que estuvieron habitados mayoritariamente por empleados de las diferentes compañías explotadoras y que por lo general se localizaron en enclaves de importante actividad ferroviaria como empalmes de líneas o nudos ferroviarios, estaciones de clasificación, terminales de línea o complementando a las instalaciones que allí se asentaban como estaciones de clasificación, talleres, depósitos y reservas de máquinas, etc.

Eran núcleos habitados mayoritariamente por los ferroviarios y sus familias, y normalmente estaban ubicados en lugares despoblados, lo que hacía necesario construir servicios complementarios dentro del mismo poblado. Era el caso de las escuelas, las iglesias, los dispensarios médicos que daban mejor cobertura que los de las poblaciones, los mercados economatos gestionados por las propias empresas.

La Ruta de la Plata tiene un singular marchamo ferroviario. Y es que sobre este eje norte-sur que flanquea la frontera hispanolusa, y su virtual prolongación hasta el mar Cantábrico, se dibuja una larga traza férrea que, desde que en 1870 MZA iniciara la construcción del tramo ferroviario entre la estación pacense de Mérida y la sevillana de Los Rosales, con sucesivos adendas, se concluiría en este corredor en 1896. Este remate del trazado, entre Palazuelo y Astorga, lo tramó la empresa MCPO (Madrid a Cáceres y Portugal y Oeste de España).

Línea Mérida-Los Rosales

La línea ferroviaria Mérida-Los Rosales forma parte de la Vía de la Plata ferroviaria. Tiene su inicio en la estación de Los Rosales (Tocina, Sevilla) y termina en la estación de Mérida (Mérida, Badajoz). Se trata de una línea de vía única no electrificada de 205 km que da servicio a municipios de la provincia de Badajoz y el norte de la provincia de Sevilla.

Los Rosales

Los Rosales es una localidad situada en la comarca de la Vega del Guadalquivir y a 29 km. de Sevilla.

La historia de Los Rosales es relativamente joven, sus orígenes coinciden con la puesta en servicio de la línea de ferrocarril que enlaza Sevilla con Córdoba, inaugurada en 1860. A final de siglo XIX, se ampliaron sus instalaciones gracias a la bifurcación de la línea de Mérida, dando origen a la instalación de un depósito de máquinas, agua y carbón y convirtiéndolo en parada obligatoria de todos los trenes para abastecerse.

Hasta la creación esta segunda línea se denominaba «Tocina - Empalme». Cuentan los más mayores que un día de 1914, Alfonso XIII pasaría por este lugar y fue tal la impresión que le causó el colorido floral que mostraban las rosas de la estación de tren que le denominó definitivamente Los Rosales, nombre que conserva todavía.

En 1860 coincidiendo con el funcionamiento del ferrocarril comenzaron a asentarse vecinos y a edificar las primeras viviendas, llegando a tener en el año 1900, aproximadamente unos 80 habitantes.

En 1926 se procedió a instalar sistemas de riego en la zona, dando lugar a la que sería la primera industria azucarera de la provincia de Sevilla.

Gracias al calado del ferrocarril en la zona, la expansión de los terrenos de regadío y el buen funcionamiento de la industria azucarera, que favoreció la creación de puestos de trabajo, se produjo una importante expansión demográfica dando lugar a un gran crecimiento de la población, hasta 3.400 habitantes en el año 1970.

En el año 1958, se construyó la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de Fátima, con la que se creó una de las primeras fiestas del municipio, que se celebra el día 13 de mayo, coincidiendo con el día de la Virgen.

En la actualidad, gracias a la línea de cercanías que une Lora del Rio, Sevilla Santa Justa y Utrera se están produciendo nuevos asentamientos de personas de otros municipios y facilita el acceso a la capital a diario para estudiantes y trabajadores no sólo de la localidad, sino también de las proximidades.

Línea Palazuelo-Astorga

La línea Palazuelo-Astorga tiene 347,5 kilómetros, discurre por las provincias de Cáceres, Salamanca, Zamora y León y era la conexión ferroviaria de Cáceres con el norte. Se cerró para viajeros el 31 de diciembre de 1984 y para mercancías en 1996.

El tren Ruta de la Plata vertebraba el territorio uniendo el suroeste con el noroeste y con todo el norte sin tener que pasar por Madrid. En la actualidad hay iniciativas de intentar reabrir el trazado desde Aldeanueva hasta el puerto de Béjar con fines turísticos.

Monfragüe

La estación de Monfragüe, históricamente conocida como Plasencia-Empalme o Palazuelo-Empalme, es una estación ferroviaria situada en el municipio español de Malpartida de Plasencia en la provincia de Cáceres.

Extracto de la resolución de 2004 de la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales por la que se incoa expediente de Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Histórico a favor del Poblado Ferroviario de Monfragüe en Cáceres.

El conjunto histórico del Poblado Ferroviario de Monfragüe está constituido por una serie de instalaciones residenciales para el alojamiento de los ferroviarios responsables de su funcionamiento y sus familias. El poblado se originó como consecuencia de la creación del nudo ferroviario entre las líneas férreas Madrid-Portugal y Plasencia Empalme-Astorga. La Compañía del Ferrocarril Madrid-Cáceres-Portugal inauguró el tramo de línea donde se ubicaría esta estación en 1881. Posteriormente, esta empresa se integraría en el nuevo ente empresarial Compañía de Explotación de los Ferrocarriles del Oeste de España, que había asumido la construcción de la nueva línea que discurría entre Astorga y Plasencia. En 1896 se estableció la nueva estación de enlace entre ambas líneas en el paraje de la Dehesa de Palazuelo, perteneciente al término municipal de Malpartida de Plasencia, a la que se denominó Plasencia-Empalme.

La nueva estación distaba varios kilómetros de la localidad de Malpartida de Plasencia, por lo que, teniendo en cuenta el gran número de ferroviarios necesarios para sostener la actividad que generaba este empalme, se hizo preciso edificar el suficiente número de viviendas para alojarlos.

El proceso de construcción de estas viviendas se iniciaría al poco de la puesta en marcha del empalme pero, dadas las crecientes necesidades de personal y, sobre todo, por la implantación en 1919 de la jornada de ocho horas, éste tuvo un continuo incremento a lo largo de las décadas posteriores, especialmente en los años veinte y treinta del siglo XX.

El cierre casi total de la línea de Astorga, la construcción de una variante y la desaparición de la tracción vapor, que exigía mucho personal para su mantenimiento, provocaron el práctico abandono de este poblado, tras iniciarse un paulatino proceso de despoblación.
El valor intrínseco de este grupo de edificios y el valioso entorno ambiental y cultural en el que se inscribe, hace acreedor a este conjunto de un alto nivel de protección y del estudio de nuevas alternativas de uso sostenible.

El poblado consta de veintiséis edificios en total, así como otros tres elementos singulares susceptibles de ser protegidos (jardín, aguada y retretes).

De estos inmuebles, dos corresponden a antiguos servicios para los habitantes del poblado (escuela y capilla) y otros dos ajenos al servicio ferroviario (pensión y viviendas protegidas), pero integrados en este conjunto por su intrínseca interdependencia con la dinámica de este espacio urbano.

Sin duda alguna, el elemento más singular que define la personalidad de este poblado es una serie de nueve pabellones de viviendas de tres alturas y un primer dormitorio de agentes de dos plantas, levantados todos entre 1913 y 1936, con una tipología bastante uniforme definida por la Compañía de Explotación de los Ferrocarriles del Oeste de España. Se trata de edificios de planta rectangular alargada, con cubierta a dos aguas de teja árabe y desvanes con óculos en sus fachadas laterales. Cada Pabellón cuenta con dos chimeneas cuadradas de ladrillo. Las puertas y ventanas tienen arcos de descarga por dintel construido, al igual que las jambas, en ladrillo rojo. Las esquinas y filetes de la fachada también están realizados en ladrillo rojo y sus paños de fachada son de mampostería granítica.

Cada uno de los pabellones residenciales cuenta con seis viviendas, dos por planta, con acceso a través de escalera interior de tipo catalana.

A estos inmuebles se suman otros de menor porte y mayor antigüedad distribuidos por el resto del poblado. Este conjunto también comprende algunos edificios de viviendas singulares, concretamente las reservadas para el médico y para los maestros. Cierran la nómina de edificios con especial valor arquitectónico y, sobre todo, simbólico, la capilla y las escuelas.
Existe un segundo dormitorio de agentes, relativamente moderno (década
de 1970) que cuenta con un gran potencial de uso para futuras actuaciones dadas sus características y su actual infrautilización.

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